lunes, 6 de marzo de 2017

Las mujeres también tejen la historia con hilos de color violeta I

            Cada vez más las mujeres queremos dejar de ser invisibles en la vida porque realmente no lo somos. Nuestro papel ha sido la mitad de la Historia de la Humanidad y si no se nos ha reconocido y nombrado, ha sido porque se ha valorado mucho más el papel masculino en todos los aspectos.
 Si ahora, en pleno siglo XXI, oímos las palabras que pronunció un eurodiputado polaco en el Parlamento Europeo sobre “si somos más bajitas y tenemos menos fuerza, por lo que debemos ganar menos salario…” O a unos jueces llenos de prejuicios y tabúes no superados, afirmando que vamos “provocando” a los hombres…” Imaginaos lo que ocurriría hace unos siglos. Y no hablemos del célebre autobús contra la transexualidad que circula por algunas ciudades españolas… ¡Qué avances, eh!
            Este 8 de marzo se va a utilizar en todo el mundo como un día de reivindicación femenina en diferentes aspectos vitales . Ello nos lleva a pensar que hay que hablar a los hijos,  a los alumnos y proporcionarles unos recursos para que se sepan defender, saber qué es lo que les pasa y poder pedir ayuda.
            ¿Por qué digo esto? Hace unos meses asistí en Canet d´en Berenguer a la presentación de un libro titulado “Niña invisible” en la que participaron la autora, Melisa López, y un periodista. Todo ello dentro de un ambiente de reflexión e intercambio de ideas, lleno de confidencias y complicidad.
            La obra en cuestión trata de la vida de una chica y la de su hermano que, desde pequeños, viven en un ambiente de violencia doméstica ya que oyen llorar a su madre, gritos, ruidos de trastos… Saben que algo  pasa pero no sabían ponerle nombre.
     Estefanía (Naía), que así se llamaba la protagonista, solo es feliz cuando su madre está sola en casa, en el momento que viene él –el padre, claro-, el miedo se apodera de ella, moja la cama todavía pese a tener 9 años y todo esto le ha generado un bloqueo general cuando alguien se manifiesta agresivo con ella, especialmente cuando recibe de su padre los mensajes que le llegan  de no manifestarse como un chicazo, sino una chica femenina para que no se quede soltera, y siempre conducirse  obediente. Aunque, a veces también es feliz, sueña que vuela y se siente libre en medio del cielo. Lo necesita para respirar y seguir viviendo
            Tanto a su hermano, Víctor, como a ella se les ve faltos de cariño, mimo y atenciones, por eso se pasan la mitad de los días en casa de los abuelos (“iaios”) donde sí encuentran cariño en sus tíos que les adoran y que suplen, en parte, el afecto que les falta en casa. Les leen cuentos por las noches, les hacen “comidicas” buenas…
            En clase,  también hay momentos en los que Estefanía se ve sometida al acoso escolar temporal, bien por los chicos que no quieren compartir espacio con las chicas.  (¿Dónde está escrito que gran parte del patio sea de ellos?) o porque estos  inician una campaña para jugar a tocarles el culo y manosearlas, y el envite  es con  sus propias compañeras, principalmente si se le olvidan los pantalones ya que su slogan a partir de aquí será “No volver a ponernos una falda para venir al cole, nunca más”.
            Y lo que más choca de esta situación es que los profes parece que apoyan a los chicos diciendo que ellas no saben jugar y que son unas quejicas. Este hecho ocurre también actualmente ¡ Cuántas veces desde los Centros educativos se “hacen los suecos” ante algunos actos de este estilo, que suelen repetirse y que se les denomina con el término inglés “bullying, ,hasta que explota la situación.
            El ambiente de la casa es tan endogámico y cerrado que hasta la violación que sufre Estefanía  en el ascensor se ve eclipsado casi, porque el daño emocional que ejerció su padre superó el sexual y psicológico del agresor.
            Pero a pesar de este panorama, las madres obligaban a las hijas a respetar al padre y a quererlo, como su amiga Claudia al suyo ¿Por qué no lo voy a querer si es mi padre? Esta situación la hemos comprobado en numerosas ocasiones en las que la madre, consciente o no, expone a sus hijos a un maltratador, a veces con consecuencias irreversibles.
            La única persona, a la que luego agradece el haber estudiado  lo que decidió y que le orienta tras contándole los hechos de antaño y acontecimientos de la Guerra Civil, es a la “iaia” (la yaya) que le anima a que elija bien en la vida porque es la suya y la va a vivir ella. Pero Naia está buscándose todavía en 6º de Primaria.
            Al final del relato su madre muere y como última despedida “mientras los cuerpos esperan” ellas viajan en el tiempo, vuelan por lugares recónditos y pasados, la abraza y siente que su calma le embarga para seguir viviendo siempre ya.
            Al final del libro, ella, Melisa López, la autora, expuso que esa había sido su niñez (Olé tu valentía¡¡),  y que en su casa pasaba algo de ahí su convivencia con  los tíos, en casa de los abuelos, pero que no le salía contestación a cada grito, cada insulto, cada amenaza, cada humillación, cada ninguneo, ridiculización, desamor… porque los hundía más.¿ Qué podían hacer ellos a esa edad salvo resguardarse en el cariño de los abuelos…?
            Además, a esos años, lo que ocurre en tu casa crees que es lo normal en todos los hogares. No entendían el alcance de los actos, por lo tanto no sabían denunciarlo, de ahí la importancia, tal como he dicho al principio, de dar a los niños alternativas y estrategias desde pequeños y en todos los aspectos para que sepan distinguir todo tipo de abusos y falta de libertades individuales o colectivas.
            Melisa me pareció una mujer valiente, luchadora, hoy día madre,  con un compañero cuya complicidad se palpa y teniendo como objetivo el trabajar en este campo de la violencia de género en colegios e institutos, buscando que los chicos sepan qué es la resiliencia,  la capacidad de superar las adversidades de la vida que van surgiendo y transformarlas positivamente.
            Mujer enérgica y sin complejos, moviéndose en una comarca pequeña como es el Camp de Morvedre, ha sido capaz de abrir su alma sin costuras para mostrarnos que en esta vida todo se puede superar y desnudar sus emociones para enseñarnos.
-  Ella misma afirma en el epílogo que ser hija víctima de violencia de género ha hecho de ella una persona distinta a la que hubiere sido sin ese condicionamiento.
-   Que la abuela le contara tantas historias de mujeres supuso que  las viera como compañeras de viaje, que estudiara la carrera de Historia y que se percatara de que las mujeres compartíamos objetivos y violencias más allá de las clases sociales, étnicas, estudios, religiones…
-     Afirma también que esto le llevó a tener que mirarse en el espejo y repetirse que ella no era violenta, costándole años superarlo hasta que aterrizó en una terapia grupal con psicólogos donde jugó y vivió con niños y niñas invisibles que también tuvieron que buscarse para visibilizarse.
-   Ser hija de un agresor es sentir que te han quitado la valía personal durante años, que durante tiempo la culpa te acompaña, que a veces odias a tu madre por no haber sabido escapar y haberos salvado de esa situación o no haber trabajado para generar transformaciones positivas y optimistas.
-     Luego, de mayor, me hice  irreverente y rebelde por mi compañero Nacho, que me enseñó lo grandiosa que es la palabra AMOR. Nuestra  relación es la razón y el corazón es pura conexión.
-  Anima Melisa a que si alguien se ha identificado con algún pasaje y le ha puesto nombre es porque existe, y aquí empezaría el cambio para ser feliz y libre.
-    Acaba diciendo  la autora, que ha escrito esta historia desde las entrañas, con toda la ternura e inocencia, que sabía y  tenía. Porque  ¿qué sería ella sin su historia? Y afirmando, al igual que Gioconda Belli, que no se arrepiente de nada.
No culpo a nadie.
Más bien le agradezco los dones.
No me arrepiento de nada como dijo Edith Piaf.
Pero en los pozos en que me hundo,
Cuando en las mañanas, no más abrir los ojos,
Siento lágrimaspujando;
Veo a esas otras mujeres esperando en el vestíbulo,
Blandiendo condenas contra mi felicidad
Impertérritas niñas buenas me circundan
Y danzan sus canciones infantiles
Contra mí, contra esta mujer
Hecha y derecha, plena.
Esta mujer de pechos en pecho
Y caderas anchas,
Que por mi madre, y contra ella, me gusta ser.
                                                                       Gioconda Belli
 -  Melisa, muchas gracias por compartir tus vivencias,  tu lucha y tu gran superación. Personas como tú nos son tan necesarias¡¡
Gracias por estar ahí.
Mujer Árbol,
Mujer Libre,
Mujer Luz.

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