martes, 30 de mayo de 2017

Entre “descerebrados” anda el juego-II-

Los Crónica y mi brazo “loco”
Ya me he cansado de hablar del cerebro y deseo cambiar de escenario, así que me lanzo al vacío para llegar al nuevo cuadro, bajo el eslogan: “las estructuras cambian, las esencias permanecen”, perteneciente a la serie: Recuperación.
Seguimos con los Crónica. En este caso, el conjunto es el que configura la narración. Descontextualizan imágenes contemporáneas situándolas junto a las “clásicas” para ofrecernos una composición diferente y, sobre todo, una interpretación y un significado distinto de lo que aparenta.
Contemplo la obra de “El caballero de la mano en el pecho”, originalmente pintada por El Greco, que los Crónica reinterpretan y lo presentan con el brazo derecho escondido debajo de una mesa. En esos momentos siento el temblor en el cuerpo, la inmovilidad del brazo y el descontrol de la mano. Son como los dos episodios previos que tuve al irregular desarrollo craneal que bien pudieron ser dos ataques epilépticos como aviso. ¿Pudiera ser que ese “caballero” hubiera sufrido también estos movimientos involuntarios y de ahí su blanca mano izquierda desapareciendo bajo un fondo siempre negro?
En esta mezcla de valores tradicionales y nuevas tecnologías, en las que los de mi generación ya casi nos perdemos, observamos al conde-duque de Olivares, sin caballo, ¿regenerando a una duquesa de Alba al compás de una batuta. La escena se presenta como si su tronco y abdomen, al igual que yo, estuvieran bajo un mal eterno y a través de estos mecanismos computarizados, se los curaran o más bien le trasplantaran su físico, dejando al descubierto su razonamiento y capacidad de palabra. A su vez, el Conde-Duque al igual que todos los mortales va perdiendo privilegios y honores pero mantiene su dignidad y su punto malicioso y cómplice con el espectador y con nosotras dos. Yo también pierdo libertad física pero puedo suplirlo con mi voluntad y disciplina mientras me sea posible.
Puede sonar a optimismo barato o a manual de autoayuda, pero la neurolingüística es una disciplina centenaria que no solo ha dedicado sus esfuerzos al estudio de la producción del lenguaje desde el cerebro, también a la influencia que la palabra ejerce sobre la mente. Como defendía el psicólogo ruso, Lev Vygotsky en la primera mitad del siglo XX, todas funciones mentales –pero sobre todo el lenguaje- tienen una dimensión interna, mental o computacional, que puede ser estudiada científicamente. Pensamiento y palabra son dos conceptos íntimamente unidos.
Y la eterna pregunta reciente que crea inquietud: ¿Algún día nos dominarán los robots? ¿Será más importante la máquina que el ser humano? ¿Y tendrán memoria?
En el cuadro del Equipo Crónica en el que se ve a uno de las monjes blancos de Zurbarán y parece que este personaje hace memoria observando cómo controla la escena un hombre con la cruz de Santiago, que bien podría ser un policía manejando la situación en la medida en que lo plasmado allí, arrastra una carga cultural, social y política concreta pretendiendo satirizar y desmitificar aspectos de nuestra Historia Contemporánea.
Quiero aclarar que la interpretación de las escenas pictóricas no siempre son las auténticas, sino que algunas son totalmente libres y personales para que vayan caminando juntos en el relato, cerebro-pintura.

lunes, 29 de mayo de 2017

Entre “descerebrados” anda el juego -I-

“Hoy con el Equipo Crónica y esta servidora”
Entrar en una exposición de este trío, al principio perteneció Juan Antonio Toledo, y luego durante muchos años, fue un dúo (Rafael Solbes y Manolo Valdés), llamado “Equipo Crónica”, es como abrirse a un terremoto de sensaciones o bregar en una cascada de sentimientos.
Sus trazos coloristas, sus objetos abigarrados y volando por el lienzo como si fueran collages, nos llevan a recordar nuestros libros de infancia, o más bien de nuestros hijos. ¿Os acordáis de “Buscando a Wally”? Con su observación, nos entran unas ganas locas de desenmarañar este paisaje apocalíptico aunque luego te das cuenta que todo tiene su contexto y su porqué.
Me acurruco en el suelo de la sala de exposiciones, hay un dispositivo de seguridad impresionante, pero aludo a mis mareos y a la necesidad que tengo de tomar datos y apuntes de los cuadros expuestos y parece que los convenzo. Me voy centrando y voy captando que es la historia de los momentos vividos por los pintores de una forma realista pero a la vez irónica, presentando al ser humano contemporáneo a través de imágenes extraídas de los mass-media y de la Historia de la pintura.
En el trasfondo, se advierte una alusión y la realización de múltiples guiños a diferentes artistas actuales de su época y de la conocida como Edad de Oro española (siglos XVI y XVII) creando una mezcla original y dinámica.
Estoy bajo el cuadro que anuncia la Exposición y como si se tratara de “Alicia en el país de las maravillas”, de repente, me siento dentro de él formando parte de su imaginería como un protagonista más. Ya no soy yo. Yo soy como una pirómana de emociones volando de uno a otro.
¿Y por qué esta simbiosis?
Porque mi cerebro funciona así desde hace algún tiempo. Al comenzar me parecieron hechos aislados pero más tarde, recapitulándolos, he captado el proceso de formación de los tumores cerebrales. Así que voy a realizar un paralelismo entre ambos fenómenos en esta locura mañanera.
Es como un viaje errático que parece simular un puro despropósito, una noche oscura envuelta en negras olas, pero también las podemos cambiar por olas envueltas en espuma de luces.
El cuadro se titula “Potenkim” y es exactamente la escena (en realidad, un fotograma) más famosa de la también famosa película del soviético Eisenstein que narra la bajada apresurada de la escalera por parte del pueblo llano, representado por hombres y mujeres que tras una manifestación de protesta, huyen de la represión del ejército del zar. Pero entre ellos, destaca sobre todo, una madre con un carrito en el cual se supone que va un bebé y que descienden vertiginosamente por los escalones. En dicho film se denunciaba la pobreza y miseria en la que vivían las clases populares frente a la riqueza y despilfarro de los zares.
Y yo también me caigo entre ellos, resbalando estrepitosamente por los peldaños de la escalera. Me tropiezo en los bordes, siento un fuerte mareo, y me quedo en algún momento inconsciente. La desorientación se apodera de mí como muestra esta pintura. ¿Qué hacen ahí esos soldados casi de ciencia-ficción a modo de los cuatro jinetes del Apocalipsis.
Estamos en el año 1968 y la agitación política europea en plena efervescencia. Los enfrentamientos entre policías y manifestantes, generalmente de Bellas Artes, son habituales. La policía vigila, amenaza, agrede. Para evitar la censura del contenido pero a la vez denunciar la represión policial en toda su tragedia, los autores los visten como soldados del ejército con indumentaria de otros países y no con la propia de la dictadura franquista.
Por esta razón la situación española se enmascara bajo la escena del “Acorazado Potenkim” del ya nombrado Eisenstein, revalorizando el arte con nuevas ideas pero nunca siendo complaciente con el orden establecido.
Busco en mi cabeza y me retrotrae al cuadro “Latin lover” de su fase creativa inicial, en el que se transparentan los tumores como crecimiento anormal de las células y el edema líquido producido por la presión de los mismos.
Salto a este cuadro y me encuentro con mi propio retrato. Las tintas son planas, las gamas de color reducidas para vigorizar el MENSAJE.
Rafael Yuste, neurobiólogo, madrileño pero afincado en Nueva York, tiene un objetivo preciso: descifrar los misterios del cerebro, ayudado económicamente por la administración estadounidense a través del programa BRAIN, que en inglés significa cerebro y responde a las siglas Investigación del Cerebro a través del Avance de Neurotecnologías Innovadoras.
Dice Obama, el impulsor del proyecto que es preciso obtener una fotografía dinámica del funcionamiento de nuestro cerebro para entender mejor cómo pensamos, cómo aprendemos y cómo recordamos. Una hipótesis es que haya un grupo de células, posiblemente en la corteza cerebral, que se disparen a la vez. Cuando pensamos o nos acordamos de una cosa, se enciende una llama de actividad cerebral en un grupo de neuronas en distintas partes de la corteza del cerebro.
El mundo es un reflejo de la mente. Puede que el cerebro genere un mudo virtual que es la realidad que cada uno de nosotros ve.
Imaginemos un futuro, que va a venir seguro, en que nos empecemos a comunicar con los teléfonos a través de nuestra actividad cerebral y no sé por qué no va a suceder lo mismo con la neurobiología del porvenir. Estas técnicas van a ser una liberación, van a dar lugar a un nuevo humanismo.
Rafael Yuste es un enamorado de Ramón y Cajal, dice que si no hubiera leído tanto de él, desde joven y animado por su padre, hoy no estaría donde está .
A los pocos años de su muerte, dos matemáticos estadounidenses publicaron un paper que era el comienzo de las redes neuronales. Si Cajal hubiese asistido a eso, hubiera visto que todo encajaba, hubiera sido posible relacionar la gran síntesis que él tenía en su cabeza de todas las partes del sistema nervioso con las posibilidades que dan los circuitos de redes neuronales.
Como homenaje a Ramón y Cajal, en 2005 se realizó una reunión de científicos, organizada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en Petilla de Aragón, lugar de nacimiento del investigador español. De ahí salió la famosa nomenclatura de Petilla. Esa reunión se puede considerar como precursora de todo el proyecto BRAIN. ( País Semanal)

miércoles, 17 de mayo de 2017

Relato: Carta a una madre

QUERIDA MADRE:
            Sé que esta misiva no llegarás a leerla, a no ser que alguna de tus enfermeras te la descifre. Y aun así no entenderás el significado de las palabras, serán para ti como las piezas de un puzle inescrutable. Tus pensamientos están tan enredados que ni los recuerdos vividos más afectuosos son capaces de hacerte reaccionar, deshaciendo esa enorme madeja que poco a poco se ha ido tejiendo en tu habitual lucidez.
Fragmento de la Virgen cosiendo de Guido Reni
            Cuando estamos contigo y nos miras, tus ojos son los mismos de siempre, su color, su candor, pero no chispean como antes, aunque con ellos quizás nos transmites lo que tus palabras no consiguen. Esos ojos a los que nos agarrábamos cuando de pequeños teníamos miedo, esa mirada que nos arrebujaba contra la desesperanza, que nos transformaba los días más grises en mañanas de primavera, ese destello que hubiéramos detectado entre los mil y un rayos de sol.
            ¿En qué mundos –pienso- se puede mover la mente para que en un momento determinado se pare  y olvide, no solo lo lejano sino lo más cercano y más querido?
 ¿Cómo se puede descoser en tales jirones nuestro cerebro?
Madre, me gustaría recopilar, como en un álbum de fotos, todos los retazos de nuestra historia en común y enseñártelo todas las noches a modo de cuento para que, unido a los sueños, fueras recuperando tu pasado y nunca te  olvidaras de  lo que has sido para nosotros, de lo que has sufrido, pero también de todo lo que has disfrutado
 ¿Te acuerdas?
Estábamos en la posguerra, nuestra casa era pequeña, la pecunia familiar exigua pero nunca tuvimos la sensación de escasez. Tú lo iluminabas todo, lo llenabas de fantasía y hasta la cosa más cotidiana como un paseo bajo los Arcos, nos parecía una fiesta a todos  los  hermanos. Es posible que en algún instante,  veloz como un  relámpago, te sintieses sola, porque el vínculo cohesivo que tenías en tu pueblo, donde la familia es extensa y los vecinos y amigos cercanos, te causara añoranza, esencialmente, cuando compararas todo lo material que te sobraba antes y que ahora te faltaba. Pero nos tenías a nosotros y el afecto familiar te llenaba totalmente, de eso sí  que estoy segura.
La España franquista se estaba resquebrajando, nosotros hablábamos de libertades e igualdades entre la fiebre adolescente que nos imbuía, tú callabas pero tu discurso  se resumía en que la única libertad era la del estudio, única forma de salir adelante y huir de las miserias. Y así fue. Recuerdo tu aliento frente a los exámenes y aunque decías que no entendías ya  muchos temas de los libros, siempre estabas ahí apoyando y sufriendo más que nosotros. Nuestros triunfos eran tuyos también.
¿Me viene a la memoria, cuando me acompañaste al pueblo donde iba a estrenarme como profesional, en un Seat 600 de segunda o tercera mano que me habíais comprado. Decías que te sentías  más segura en la charretera conmigo, aunque se nos quemase el motor -que así fue- que en casa dándole vueltas a mi primera travesía.

 Supuso para mí la primera separación que sufrí conscientemente -la del nacimiento no la sentí- ahora sí que iba a perder la relación simbiótica contigo. Una insoportable soledad me embargó porque ya no me abarcarías cada día con tu mirada, con tu mano en mi hombro ayudándome a seguir, con ese calor que empañaba los cristales y transparentaba mi alma en las tardes invernales. Pero también es verdad que nuestra identidad se construye a través de las pérdidas que vivimos.
Cuando nos oías argumentar sobre la liberación de la mujer, sonreías, apuntabas que tú habías llegado tarde, pero sabes que si no hubiera sido por ti, no estaríamos ahora donde estamos, en la lucha por la igualdad.
¡Qué perspectiva de futuro tuvisteis el papá y tú! Cuando a  los hijos de la mayoría los mandaron enseguida a trabajar, vosotros apostasteis por nuestro futuro.
Gracias por no dejarnos unas yugadas de tierra, sino la posibilidad de saber pescar cada día nuestro pez, tal como dice el refrán chino.
Mamá, diste colorido a nuestra vida aun en las jornadas más  sombrías pues nos hacías reír de nuestras propias pesadillas y nos agrupaste a todos los hermanos como  una piña, para que la fuerza interior explosionara en energía al enfrentarnos al mundo.
Ahora que yo soy madre también, he constatado y valorado más tu tolerancia, tu respeto, tu confianza hacia nosotros a pesar de que no entendieras algunas decisiones y me ratifico, que si de pequeña no concebía la vida sin ti, ahora confirmo rotundamente que sin una madre, huérfanos de amor y sin el referente materno, es imposible vivir.
Desde hace años, una vez al mes, voy a verte con tus nietos. Ellos te escrutan con su mirada, tú los avasallas continuamente para que te dejen jugar, te pones muy contenta porque eligen justamente tu juego favorito, “el escondite”, y así pasas casi toda la hora de nuestra estancia en la Residencia.
Yo, mientras tanto, sentada en un banco bajo un sauce llorón, el árbol que siempre me ha atraído por sus delicadas ramas, trato de analizar qué relación hay entre la búsqueda tan desesperada en encontrar a mis hijos escondidos entre las salvias y el deseo de reencontrarte con tu espíritu olvidado.
¿O lo has encontrado y lo tienes dormido porque te has cansado ya de sufrir y prefieres vivir en ese dulce paraíso infantil? No lo sé, pero te sigo viendo con la felicidad pintada en la boca… feliz.
Y yo…. Orgullosa porque sé que estás ahí dándome fuerzas y ánimos,  y más ahora en que mi situación vital es difícil.
Yo también te quiero.
 ¡!Y siempre vas conmigo¡¡ 

domingo, 14 de mayo de 2017

¡FELIZ ANIVERSARIO!

Hace 36 años -el 13 de mayo de 1981- se modificó el Código Civil declarando que el marido y la

mujer son iguales en derechos y deberes ante la ley. Hasta entonces la ley disponía que el marido debía proteger a la mujer y la mujer debía obedecer al marido.
Es un aniversario que pasa desapercibido pero es la ley más importante que se aprobó en la democracia, ya que fue la primera de otras muchas para lograr la igualdad a nivel legal de mujeres y hombres ¡BRINDO POR ELLA !
¡Ahora tenemos que seguir luchando por la igualdad real, y no permitir que volvamos a perder la legal!
Toda esta lucha tiene que ser con el hombre, siempre.

jueves, 4 de mayo de 2017

El cáncer te cambia la vida, pero… ¿Hay otras vidas?-III-

Fundación Viktor Frankl
Y un Rayo de esperanza
            Por todos los hospitales por los que he pasado debido al cáncer, incluidos los de Pamplona, ya hace más de veinte años de aquello en esas tierras, nunca he encontrado una sección de Terapia y Apoyo Psicológico para el enfermo y para sus familiares, tema que me chocaba y que echaba de menos.
Los padres de los niños de oncología de la Clínica Universitaria de Pamplona, cuando los profes nos quedábamos con ellos, sí que podían ir a hablar a un despacho pero no constaba como tal servicio. No obstante, en estos años se ha avanzado en tomar conciencia de la necesidad de respaldar, especialmente  la faceta de “cuidar al cuidador” para tengan el ánimo alto y la esperanza a flor de piel.
En Valencia, una gran amiga mía de Teruel, psicóloga, ya me habló hace tiempo de una Fundación que hacía no solo voluntariado para estos casos de enfermedad, sino que también realizaba todo tipo de actividades como conferencias, cine-forum, charlas, simposios…
Entre mi hija y mi querida cuñada se dedicaron a buscar algún sitio que nos sirviera a nosotros para relajarnos y desconectar a raticos de esta situación. En ambos casos coincidieron en la misma: la Fundación Víctor Frankl.
Pero ¿quién era este tal Víktor?
Víktor E. Frankl (1905-1997) es uno de los referentes más destacados de la psicología del siglo XX. Doctorado en Filosofía y Medicina por la Universidad de Viena, fundó la logoterapia, denominada la “tercera escuela vienesa de psicoterapia”.
En 1942, en pleno apogeo del régimen nazi, él y su familia fueron hechos prisioneros e internados en campos de concentración. Fue precisamente esta experiencia la que le llevaría a desarrollar su teoría psicológica basada en el existencialismo. Tras sobrevivir al Holocausto, fue profesor de Neurología y Psiquiatría en la Universidad de Viena y obtuvo la cátedra de Logoterapia en la Universidad Internacional de San Diego, California. Fue por todo el mundo difundiendo sus ideas, pronunciando conferencias y obteniendo diferentes galardones, premios y honoris causa.
Escribió numerosos libros de los que el más conocido es el primero: “El hombre en busca de sentido” donde nos relata su experiencia en el campo de concentración que es realmente una lección existencial y no un libro al uso sobre nazis y judíos.
Durante todos esos años de sufrimiento, sintió en su propio ser lo que significaba una existencia desnuda, absolutamente desprovista de todo, salvo la existencia misma. Él, que todo lo había perdido, que padeció hambre, frío y brutalidades, que tantas veces estuvo a punto de ser ejecutado, pudo reconocer que, pese a todo, la vida es digna de ser vivida y que la libertad interior y la dignidad humana son indestructibles. En su condición de psiquiatra y prisionero, Frankl reflexiona con palabras de sorprendente esperanza sobre la capacidad humana de trascender las dificultades,y descubrir una verdad profunda que nos orienta y da sentido a nuestras vidas.
La logoterapia, método psicoterapéutico creado por el propio Frankl, se centra precisamente en el sentido de la existencia y en la búsqueda de ese sentido por parte de la persona, que asume la responsabilidad ante sí mismo, ante los demás y ante la vida. ¿Qué espera la vida de nosotros?
Pues inspirándose en el ejemplo y en las ideas de V. Frankl, esta Fundación valenciana, integrada por voluntarios, todos, de profesiones diferentes: médicos, psicólogos, asistentes sociales, enfermeros, administrativos… trabaja con personas que se encuentran en situaciones difíciles por enfermedad, principalmente por cáncer, aunque también tienen un grupo de Fibromialgia.
 Su función es la de orientar, ayudar, llevar a cabo una serie de actividades como talleres, entrevistas, cursos, Seminarios… peo la esencial es escuchar y acompañar a los pacientes y a sus familiares en el duelo tras un suceso grave, pasando del sufrimiento a la aceptación y a la serenidad.
 Nosotros acudimos los cuatro miembros de la familia a la primera sesión. Por un lado, mi hija y marido asistieron a una terapia grupal con otras personas que se encontraban en una situación parecida y en la que participaban un oncólogo, una psicóloga y una enfermera. En mi caso he mantenido ya dos entrevistas con una psicóloga de forma individual y lo que he captado y pusimos  en común esa noche entre los cuatro, aparte de la amabilidad y del entusiasmo del personal voluntario con que te acogen, con una actitud tan positiva y cercana, es que la mayoría de las personas que acuden a la terapia, se encontraban en la primera fase de la enfermedad y yo ya tengo un amplio “curriculum” anterior y me encuentro casi en la final, en la que la posibilidad de la muerte existe a más corto o largo plazo. Por lo que hay que contemplarla como algo natural y trascendente pero no de forma obsesiva porque si hay vida, hay muerte, y viceversa.

Lo mejor es la dignidad en el vivir y en el morir y si es posible, con una sonrisa.
Yo no tengo miedo a la muerte, tampoco a luchar por la vida, pero  hay días que, como decía Antonio Gala:
 “Son los días de la casa sosegada en que uno lleva luto por sí mismo; en que uno, que era su mejor soporte, gira como el moribundo la cara hacia el muro, y se niega a seguir fingiendo ser el buen enfermo o el buen samaritano. Son los días en que uno recita el hermoso canto de viaje:
“He recorrido las pendientes  que suben y bajan,
 resistí y me fatigué en los días del pasado,
 lo deseé todo y me he despedido ya de la esperanza,
 viví y amé, y ahora he cerrado la puerta”
Son días que transcurren en la oscuridad porque no ha amanecido y tampoco es probable que amanezca
Un método que recomiendan y que aplican es el “mindfulness” basado en la meditación personal, en la conciencia reflexiva sobre sí mismo.
Por supuesto que las actividades de la Fundación no presentan una finalidad lucrativa ya que se “financian” con donativos pero, sobre todo, con el dinero obtenido por la venta de los libros cuya autoría corresponde a Víctor F. Frankl  y también a algunos de sus seguidores, junto a las cuotas que pagan aquellos que se hacen socios o amigos.
Hay que reconocer la labor de estas personas de la Fundación que ceden gratuitamente su tiempo para paliar y aliviar la soledad  en el dolor y en la tristeza de otras personas,  que sufren una angustia vital tras escuchar la palabra cáncer.
Normalmente cuando escribo lo hago de una tirada porque llevo varios días “rumiándolo” y organizándome la estructura del “post” en la cabeza, pero en esta ocasión me había detenido aquí, en este punto.
¿Por qué? Porque ante un puente tan grande me dije: “Pues yo también quiero cambiar de aires y qué mejor que venirme a mi hotel preferido y casa de reposo, el Hospital 9 de Octubre y aquí sigo ingresada en este momento, haciéndome numerosas pruebas, con chutes altos de corticoides y “banquetes vampíricos” y con el objetivo de rebajar la elevada anemia que arrastraba ya antes de ingresar en el hospital y poder seguir con la quimioterapia.
Mientras que el oro rojo entraba por mis venas, pensaba en cuántas personas habían contribuido a ello, unos de forma altruista, otros posiblemente por motivos económicos, pero gracias a estas donaciones se nos salva de la inanición.
No quiero hacer propaganda de los donantes, pero está muy bien que cada vez se vea con mayor claridad la realización de estas donaciones, especialmente en el caso de los órganos que permiten que otras personas vivan. Entiendo a las familias que no quieren y también a las que aceptan que otros vivan gracias a que sus hijos, maridos o hermanos no pueden. Yo, desafortunadamente, no podré donar ni las pestañas. Ojalá que pudiera dar todos mis órganos porque eso implicaría que estoy sana y “camanduleando” por la vida que es algo de lo que más me ha gustado. En estos “duermevelas” que se producen en los hospitales se sueña pero estos sueños, como ocurre siempre, se olvidan a la mañana siguiente, pero el que tuve hace un par de días no se me olvidó y se me quedó grabado en la memoria. En el fondo me pareció maravillosa la vivencia soñada.
Se trataba de una especie de instalación artística, no sé si una mezcla de exposiciones que he visto o inventadas por mi subconsciente. Se encontraba en una sala blanca, grande, rectangular y desde una esquina iban saliendo cubos que se alargaban conforme se acercaban hacia mí. Ahí podía distinguir caras de familiares y amigos que me decían frases o me hacían gestos llenos de complicidad y que yo comprendía, aunque a veces si eran hablados, se oían como un eco lejano o una voz distorsionada, como estas:
-         Querida Carmen…
-         Guerrera de la luz
-         Tú puedes…
-         Mami, te quiero
-         ¡Maña!
-         ¿Qué tal, mamá?
-         Cuídate…
-         UFA
-         Compañera del alma…
-         Amiga mía… y muchísimas más… 
Se acercaban y se alejaban rápidamente era una comunicación directa y sincera, pero… SORPRESA:
 Al final de todas ellas, se vislumbraba a dos personas juntas y eran
ERAN… mis padres, pero ellos no llegaron hasta mí sino que se alejaron un poco. Yo creo que no querían que ocurriera como en la “Conversaciones con Bacon” que yo deseaba que me cogieran de la mano, pero ellos me soltaban, preferían que estuviera aquí. En esta ocasión me hacían gestos de saludo, me lanzaban besos al aire y si yo intentaba acercarme a ellos, se alejaban. ¡Cuánto los echo de menos!
 Aun ahora si tengo algún problema, siempre me imagino que me refugio en su casa como cuando era joven.
 De repente, todo desapareció y me quedé en la penumbra hasta que desvié la mirada hacia la ventana y por las cortinas, aunque era de noche, vislumbré un  rayo de luz, un rayo de esperanza para iluminar, como diría San Juan de la Cruz, la noche oscura del alma.
 Después de todo esto,  ya que puedo escribir, qué puedo decir…
Pues que me parece bien que personajes famosos como Pau Donés o Bimba Bosé hablen del cáncer para que las personas lo vean como algo natural y que no es que afecte según el sexo, dinero o clase social, sino que nos puede tocar a cualquiera. Pero es que estas personas, entre las que me incluyo yo, tienen tantos recursos y apoyos que da vergüenza el que haya tantos otros que carezcan de ellos. A veces, no tienen ni con quien dejar a los hijos para ir a los tratamientos. En estos casos se trata de una desprotección social y esto es una reflexión personal al respecto igual que la eutanasia o el derecho a morir con dignidad.
 Te dicen, hay que  llevar la vida normalizada, la de siempre. Y yo  lo intento día a día también. En el escrito “Alas de la vida” de Carlos Cristos y llevada al cine por Antonio Canet, se recrean los últimos días de este médico que sabía que iba a morir pero mantenía su rutina habitual. Dicen que los corticoides empeoran el genio y sin embargo, a mí me producen ternura y para nada, rabia o hartazgo porque ante esta situación, reflexiono siempre y me digo: “Peor sería que les ocurriera a mis hijos”.
De igual forma, nos ayuda pensar que si te curas, la vida te da una prórroga y hay que saber aprovecharla. A mí me ha dado hasta ahora cuatro y yo misma doy fe de que las he disfrutado aunque existan momentos tristes hay que estar siempre a favor de la vida, hay que vivirla.
“Si no se puede cambiar una situación que produce sufrimiento, lo que sí se puede escoger es la propia actitud”                                        Viktor E.Frankl
Sin olvidar que…
Siempre, siempre,
Más allá, hay un rayo de esperanza


jueves, 27 de abril de 2017

El cáncer te cambia la vida, pero… ¿Hay otras vidas? (II)

Quimioterapia
Y esta tarde, toca “quimio”.
Si de por sí ya no es agradable este tratamiento médico, el que tengas previamente que pasar por el análisis de sangre para que el oncólogo, según el resultado del hemograma, decida si te aplica o no la “quimio” parece el sorteo de una tómbola.
Leucocitos, plaquetas, hematocrito… han de presentar unos parámetros mínimos para que se pueda administrar ese día el duro tratamiento médico. Yo siempre ando justica en los resultados, especialmente desde que me realizaron los dos autotrasplantes a mediados de los años noventa, sobre todo de plaquetas y hematocrito. Casi siempre estoy por debajo de los valores normales de una persona, por lo que hay días en que acudo al hospital y tienen que aplazar la sesión para la semana siguiente.
En la sala donde se recibe el tratamiento de “quimio” estamos siempre cinco personas sentados en unos sillones que se pueden hacer casi una cama. A menudo todas mujeres y varias de ellas dedicadas a la enseñanza, con dos enfermeras que son la alegría y la gloria personificadas puesto que nos animan, nos tratan con cariño, nos miman y ante cualquier mareo, si intuyen que algo no funciona correctamente, vienen en tu ayuda o la buscan con diligencia.
Allí permanecemos varias horas por lo que se puede hacer de todo: leer, comer, dormir, charrar… Hay días que no tienes ganas de “na” pero otros, entre los goteros, surgen las confidencias y en ese espacio íntimo que nos iguala a todas, te vas desahogando y, sobre todo, si es la primera vez que te ha ocurrido este “percance” que, por otra parte y sacándole algún matiz positivo, te hace descubrir nuevos mundos y disfrutar de sensaciones que nunca habías experimentado. Pero, ¡a qué precio!
Es como una toma de conciencia plena de todo lo que te rodea porque como todo lo vives en 1ª o 2ª marcha como mucho, captas sonidos y valores de todo tu alrededor. Si cierras los ojos y abres los demás sentidos, oyes los susurros del mar, el ulular del viento, los sonidos de los de los pájaros, la algarabía de los parques…detalles que antes te  impedían las prisas.
Yo hasta he descubierto lo que es ver una película de TV sentada con “mi hombre” cogidos de la mano y solo atendiendo a lo que ves en la pantalla, o el placer de desayunar juntos muy pronto,  al amanecer.
Parecerá una nadería pero mientras que trabajas, casi nunca tienes esa serenidad porque  estás a la vez realizando varias tareas cotidianas: corrigiendo, controlando la comida del día siguiente, atendiendo a los hijos, poniendo exámenes… Hay que buscar lo positivo de cada momento, asimilarlo, hacerlo tuyo, y disfrutarlo a tope, al 100%. También es verdad que a veces y después de las sesiones de “quimio” con sus efectos secundarios (fiebre, vómitos, diarrea, malestar…) es difícil permanecer con el ánimo en alto por lo que  lo mejor es  agazaparse en plan descanso y reposo y dejar transcurrir las horas hasta que una mañana te levantas y dices: “¡Qué bien me siento en mi cuerpo serrano y conmigo misma y ¡hala, a seguir en la brecha!
En este viaje es importantísimo estar acompañada moralmente y apoyada por tus amistades y familiares que te quieren desde la distancia y por los más cercanas. Yo tengo mucha  suerte  en este sentido porque mis tres hermanos junto a dos de sus cónyuges, que para mí son también como hermanos, siempre están pendientes de mi enfermedad y, sobre todo, de hacerme la vida más agradable. Mis dos hijos que desde julio del año pasado han estado viniendo y yendo desde el Cantábrico, y desde Boston hasta al Mediterráneo, siguiendo los tratamientos y  los diagnósticos médicos, y además, con una eclosión de cariño y afecto que me han desbordado de amor y  por supuesto tengo como dice Miguel Hernández, “Mi compañero del alma, mi compañero”,  codo a codo conmigo en todo y a por todo.
 ¿Cómo se viven las sesiones de quimioterapia? El ambiente es diferente al de la Rehabilitación. Cuando entras por el pasillo de Oncología ya vas viendo gorros, pañuelos, pelucas y caras demacradas o con el aspecto dolorido, todos acompañados por algún familiar directo por si hay que tomar alguna decisión urgente en algún momento.
Dentro, como que te sientes más tranquila porque estás entre “los tuyos” y la capacidad de comunicación y entendimiento es mejor.
 Voy a contar algunas de las conversaciones e intimidades que allí se van comentando a lo largo de las sucesivas sesiones con unos temas que vistos desde fuera, no parecerían tan importantes pero dentro del proceso, son esenciales:
Lourdes: “Cuando  dijeron que tenía cáncer  tenía 30 años y me acababa de casar. Solo me salía el mal humor y el enfado. Cada vez que me hablaban de ello, me ponía a llorar y a decir: No puedo, no puedo”. Pero un día pensé, por fin, ¿cómo que no puedo? Me eché mi lloro correspondiente y decidí que ese iba a ser el primer día de mi nueva vida”.
Al  oírnos una mujer más joven, con cara de “pilla” (Mara) y una picardía en los ojos como platos, apunta:
-“Pues yo me di cuenta que mis tetas me iban a matar. Pero ¿cómo podía ser eso? ¡Y por qué me iba a pasar a mí precisamente¡” Pero cuando oyes que cada año se diagnostican 25.000 nuevos casos, te percatas de que sí, de que te puede tocar a ti. Pero no me dejé, yo que iba a Pilates, al gimnasio, que me cuidaba la alimentación, cómo me podía dejar que dos “enemigas-amigas” me pudieran  vencer y arruinasen mi vida”
Sigue hablando Mara con efusión y emoción a la vez:
-“Tenía un Proyecto de vida y trabajo, pedir la excedencia en la enseñanza de España e irme a Guatemala, por lo menos un año, a trabajar donde me mandaran, pero siempre con chicos y madres en zonas marginales. Y este sueño me da ánimos para estar aquí y seguir aunque se me acumulen todos los pinchazos,  las “quimios”, los contrastes, el cansancio físico y el emocional. Como soy profesora, lo que más me gusta es el mundo es la enseñanza,  así que  el cáncer me ha cogido en el momento más feliz de mi vida, pero, de repente, todo ha cambiado, y también he perdido la oportunidad de tener hijos.”
María, por otra parte le dice que más tranquila, porque a otras mujeres les pesan  mucho  el tener hijos,  a las que les inquieta su futuro: ¿qué será de ellos? ¡Sabrán desenvolverse solos!...
          Patricia que viene puntualmente todos los días, añade “A mí se me había ocurrido hacer como en una película de Julia Roberts “Quédate a mi lado” Una madre enferma de cáncer terminal,  antes de morir va buscando una mujer que haga dos funciones: pareja para su marido y madre para sus hijos. Es triste pero bonito a la vez. “Creo que me voy a dedicar a ello, imitando lo que ocurre en el film".
-Un tema que pocas veces se ha tratado, habla  Engracia, de unos 46 años,  y que creo que es importante en la relación de pareja, sería el descenso de la libido nuestra y las relaciones sexuales con nuestr@  compañer@. Es difícil compaginar la enfermedad con esta problemática. Lo que se debe hacer es hablar con él y que aparte de que haya mimos y caricias o juguetes que él dirija y diga, que se exprese cómo lleva este punto entre los dos y que ninguno se sienta mal.
- Teresa (50 años): “A mí lo que me da más rabia es que tienes  la impresión de que la gente  te mira con pena, en lugar de verte como una luchadora, por eso llevo peluca porque disimula más el cáncer. A las mujeres nos preocupa mucho la pérdida del cabello y cuando vas viendo que los mechones de  pelo se te van despegando de ti misma, se te cae el alma a los pies, pero, por otra parte, es lo único que vuelve a crecer como algo natural y no tiene ningún efecto secundario.
Yo me marcho a las fiestas de mi pueblo y me voy a comprar unas pestañas postizas y un sombrero porque lo que tenemos que hacer es apañarnos bien, con colorido para ser nosotras mismas.”
 Yo comento que la “quimio” te deteriora tanto… tu cara: de repente es redonda como la luna llena  por la medicación, aunque por otra parte no se te nota ninguna arruga, jijijiji…
 No tienes pestañas, ni cejas. A mí, aparte del  pelo, en  dos ocasiones anteriores, se me cayeron también las uñas de pies y manos. Pero las mujeres que peor lo que pasan es las que se sienten mutiladas, de ahí la importancia de la “reconstrucción”.
           La peluquera a la  que voy yo en la playa, con 37 años y dos hijos, cuya gran parte de familia se ha visto afectada por el cáncer, se ha reconstruido los pechos hace dos meses colocándose prótesis. A su marido le daba igual pero a ella, no. Ahora se siente más segura, con mejor autoestima y más guapa. Esto te da una gran fortaleza, dice. Y eso que ella es una mujer muy alegre y siempre dispuesta a ayudar a quien lo necesite.
Yo aporto la experiencia de una serie de hechos que me han sucedido y de verdad que no  tengo miedo a la muerte, creo que es un momento de tranquilidad y ya tengo pensada mi hoja de ruta porque esto es para mí como una carrera de fondo que no sé hasta cuándo durará,  ya que la “quimio” que recibo no me cura, solo detiene el avance, así que procuro llevar el tratamiento con el mejor humor y esperanza.
A mí ya me dieron “quimio” por un tubo en los dos autotrasplantes primeros hasta dejarme a cero y aislarme. Y este verano también por la operación de colon hasta que aguanté y surgieron  los tumores del cerebro. Ahora vuelvo otra vez a las andadas goteriles.
Nos creemos frágiles pero solo es la visión externa ya que por dentro te haces de acero y cristal a la par, transparente y sensible pero  fuerte en aguante y resistencia  al dolor. Nos dicen que el cáncer es una forma de  crecer, de aprender más en la vida pero a veces igual es mejor ser ignorante ¿o qué?
 Pero no, como dicen: "Palante, y  ni un paso atrás, ni para tomar impulso” Y siempre, siempre hay que volver a empezar. Ante cualquier tipo de ruptura, nunca se parte de nada. Tras el cambio, somos los mismos y con el mismo bagaje de experiencias y conocimientos. Solo hay que perder el miedo a readaptarse.
Este tratamiento de la “quimio” va unido en ocasiones a la radioterapia, pero este último solo se puede aplicar una vez en el mismo sitio puesto que el músculo se queda muy tocado y la piel muy fina, con peligro de necrosis aunque sus efectos y sus resultados cada vez son más certeros y efectivos. Suele durar unos minutos y se tolera bien si no se tienen quemaduras
Yo he recibido radioterapia en dos ocasiones. La primera en Pamplona cuando me aplicaron el primer autotrasplante. Allí, dado que disponía de mucho tiempo, conseguí, a través de amistades, dar clases a los niños de Oncología ingresados en la Clínica Universitaria. Los alumnos de Pedagogía de la Universidad tenían como asignatura dar clases todos los días de 9 a 13 de la mañana. No me imaginaba el día entero sin hacer algo positivo. Y en esas horas los padres se podían ir fuera, con lo cual a ellos también les beneficiaba desconectar un rato.
Al llegar allí, a la planta 4ª, teníamos unos paneles con los alumnos, edad y curso, por lo que había que elegir. En mi caso siempre prefería a los mayores y si se encontraban bien, nos íbamos a un salón que realizaba las funciones de clase pero, en caso contrario, entraba en sus habitaciones. Más de una neumonía me llevé por delante porque yo, al igual que los niños, estaba muy baja de defensas pero fui feliz. Como era Navidad, preparamos árboles, belenes, cartas a los Reyes y todo reciclando materiales médicos como goteros, jeringuillas, vendas…
Por fin, termina mi sesión de “quimio” en el hospital 9 de octubre. Salimos y sopla una suave brisa. La temperatura es cálida, a diferencia de la que habrá en Teruel en estos momentos. que nos invita a caminar y a contarnos…
Por ejemplo, el cuento de “El Hada de las estrellas”.
Charo García Velilla, una mujer que murió de de cáncer en 2006 a los 36 años, dejó su testimonio de esperanza plasmado en el precioso cuento infantil “El hada de las estrellas” dirigido a su hijo Víctor.
Este cuento lo escribió la autora para explicarle a su hijo pequeño, que entonces tenía tres años, por qué no iba a poder estar con él.
Es  el relato del Mayor Viajero del Mundo que debe salir a buscar una sustituta porque el hada de las estrellas ha desaparecido. La elegida es Charo, cuya labor es encender todas las noches las estrellas y colocar la luna en su sitio. El libro muestra la enorme fortaleza de una madre que convierte el dolor por dejar a sus seres queridos en un relato cariñoso, esperanzador, positivo y emotivo. El mensaje que transmite es el que le dio ella misma: mantener esperanza y optimismo ante la enfermedad.
Le explica su padre  a Víctor que si mamá se queda ahí con ellos, estará malita siempre pero que si se  a las estrellas  mejorará,
Yo también querré quedarme suspendida en una estrella, para poder hacerles un guiño todas las noches a mis hijos y a mi nieto.

sábado, 22 de abril de 2017

El cáncer te cambia la vida, pero… ¿Hay otras vidas? (I)

Cuando la oscuridad de la noche todavía taladraba los cristales, me desperté, no llegaban a las seis de la mañana pero si quería llegar a las sesiones de Rehabilitación y realizar todas las actividades que anteriormente me costaban una hora, actualmente necesitaba tres o más, había que madrugar y sueño no tenía.
La vida se nos ralentiza y ante la nueva situación, o nos adaptamos, o como diría Carmen Maura: “Morimos en el intento”. Yo siempre he sido de dormir pocas horas pero intensas, igual que ahora. Duermo más pero he descubierto la belleza de madrugar por ver el amanecer en este Mediterráneo al que cantaron Espronceda y Serrat.
Hoy empezaremos la mañana sintiéndonos primero, bien en nuestro cuerpo: “Hoy no me duele casi nada, no tengo náuseas, más bien anhelo el desayuno….” Sobre todo si se toman corticoides tienes un hambre voraz, ese que yo nunca había sentido. Se te pone la cara de luna llena y un flotador en el abdomen que te dificulta el movimiento de agacharte, pero cuando comes ¡¡está todo tan bueno!!

Ha amanecido con un azul plata precioso y la luz entra a raudales por la terraza del apartamento, ando mejor al desplazarme, me pongo las medias de compresión para controlar la inflamación de los tobillos y de los pies y poder caminar más ligera dentro de lo que cabe. Este es otro problema de los corticoides: retienen líquido del cuerpo, hinchan y te deforman el cuerpo, especialmente las extremidades. Según los expertos, al terminar de tomarlos, todo vuelve a su ser.
Tengo que sentir el aquí y el ahora, el olor del azahar que me entra por la terraza. Tengo que palpar y disfrutar el momento que vivo, el día a día y no detener mis pensamientos en algo que no sé cuándo ni cómo sucederá. Es absurdo sufrir por ello, por el devenir, por el futuro, y no pensar más porque si no...
Poseo bastante facilidad para cambiar el “chip”. Es la quinta vez que sufro un cáncer y la experiencia es un grado, tienes más conocimiento de de la enfermedad, te sabes casi todo pero siempre los oncólogos te desbaratan tus suposiciones, tus ideas previas.
A las diez y media llego a Valencia a Rehabilitación. Me tienen que llevar porque, como es de suponer, no puedes conducir. La bajada del automóvil es un verdadero castigo porque empiezo a sentir siempre un fuerte mareo y si no me sujetan, caería al suelo sin remisión. Entro a la clínica y allí me encuentro con los “colegas”, con los compañeros de actividades y retos. Es un alivio porque ya estás en tu espacio. A todos nos aqueja algo aunque la mayoría necesitan rehabilitación, como yo, pero por haber sufrido un ictus aunque las secuelas de su enfermedad son similares a las de mi loco cerebro, en el que “anidaron” en el octubre de 2016 dos tumores, con sus edemas correspondientes, en las zonas parietal y occipital.
La cirugía radiológica parece que neutralizó presumiblemente estas dos “lesiones”, expresión que emplean los médicos pero también he tomado y sigo en ello un gran número de mg en corticoides para combatir los extensos edemas que te producen como efectos secundarios y sobre todo, debilidad muscular que si no la trabajase, terminaría como un muñeco de trapo que no me sostendría erguida y de pie.
Por este espacio tan particular que es la clínica de rehabilitación, pasa mucha gente, necesitada no solamente de ejercicio físico sino también de ánimo y moral, por lo que hay momentos en que parece más una terapia de grupo que una sala para mejorar la potencia muscular y las capacidades de nuestro mecanismo corpóreo.
Nuestra “profe-fisio” es joven, nos escucha, sonríe, pero sigue llevando el control de cada uno para que aún estando de “cháchara” a ratos, que no siempre, otros hay un silencio y concentración total, sigamos el orden y ritmo de los ejercicios: ora corrigiendo posturas, ora enseñándonos movimientos para hacer en casa. ¡Es un encanto!
De todos los “alumnos” que asistimos, voy a destacar los caracteres más llamativos para hacernos una idea de la diversidad del personal que sufre todos los días trastornos del habla o problemas de coordinación por obstrucciones cerebrales. Para citarlos he cambiado los nombres con el fin de que no sean reconocidos al leerse.
Tenemos a Luisa, que lleva casada 60 años más 10 de noviazgo con el mismo hombre y por ello le hemos dado el título de “record Guiness” en el amor. Lo conoció a los 13 años, ella cantaba y él le acompañaba a la guitarra o al piano. Es dulce, dice que coqueta porque ella nunca se descuida en su arreglo personal y le gusta ir muy apañada. ¡¡Olééé….!
Habla poco pero certeramente: desde que entra no para de trabajar porque depende de la ambulancia y dice que, a día de hoy, sigue enamorada de él hasta “la punta de los calcetines”.
Otra persona muy “sui generis” es un antiguo militar, grande como un armario, elegante y distinguido en su porte pero cuando abre la boca… pensamos: ¿qué nueva nos expondrá ahora? No habla mucho de familia pero sí de antiguos compañeros.
Por él iría mucha gente al paredón y las fiestas de Moros y Cristianos serían con arcabuces y disparos de verdad. Ji,ji,ji… A veces dice “burradas tan burradas” que el resto nos limitamos a decir: “Te has pasado, Leandro” y no discutimos, no porque estemos de acuerdo, sino por no alargar el tema y porque entendemos que al igual que todos, lleva mal la situación y se acalora de verse así. Mantiene que la enfermedad debía ser al revés, que te pasara de joven para poderla atajar mejor.
A otra que se le coge cariño enseguida es a Ana, tiene, dicho por ella, el síndrome de la soledad. Ha vivido en pareja y tiene dos hijos pero ha perdido, como yo, la libertad que tenía antes y anhela tanto ahora. Se desplazaba con su coche, quedaba con amigos y no dependía de nadie. Ahora necesita tener una señora en su casa para las tareas domésticas y que, como sabéis, eso cuesta mucho aceptarlo, al igual que las llamadas de teléfono, porque no quiere que nadie se sienta obligado a pasearla o a tomar algo por ahí.
Nadie diría la edad que tiene. Hoy es guapa y además posee una chispa especial, lo que hace pensar que años atrás rompía miradas y afectos. Es muy graciosa narrando sus aventuras, nos contó una vez que en un viaje de la tercera edad un señor la cortejaba y además con “buena pinta”, pero tuvo la equivocación de decir: “Es que yo, en verdad, lo que necesito es una mujer”. Ahí se acabó todo porque Ana le dijo que en realidad estaba casada, pero con Dios, porque era monja y además convencida. Su trabajo se desarrollaba en la India y tan solo había venido a ver
a su familia aprovechando el trayecto en autobús para desplazarse mejor y tener un par de días de asueto.
Habla de sus andanzas a lo largo de los años, pero ya no se ve para vivir en pareja sino para tener tan solo amistad y apoyos. Pone muchísimo interés en los ejercicios y de hecho ha evolucionado positivamente desde que llegó hasta ahora, aunque la soledad, la falta de la libertad y la dependencia de alguien siempre, la hunden a ratos en lo más profundo, y esto creo que nos pasa también a todos.
Yo creo que estas sesiones animan a no tirar la toalla, a mirar hacia adelante… lo cual aún sería más fácil si se revisaran las ayudas económicas a la dependencia. Este sería otro tema largo a tratar.
Y por último, hablaré de Juan, un “supermán” del esfuerzo, un hombre lleno de pensamientos positivos que ha conseguido ilusionar a todos y que sintamos la disciplina física, como un reto diario a superar.
Maestro de profesión, aunque trabajando toda su vida en otra actividad que no era la educación, ha sabido mantener ese espíritu amplio y de formación cultural que te da la carrera de Magisterio. Habla mucho de la familia, de los amigos con los que sigue saliendo a cenar y a fiestas, de cuando queda a comer con su mujer, y mantiene la ilusión como un niño por lo que debe ser muy agradable y fácil vivir con él.
A mí, cuando llego, siempre me recibe con alguna frase, que ya desde el pasillo te anima a empezar con buen pie. (Véase la ironía de este término, cuando todos tenemos alguno de ellos que no nos chuta nada): “Ya llega Carmen con su sonrisa habitual” o “¿Qué tal por Teruel? Nos traes la alegría de la tierra”.
Yo hablo poco salvo en momentos muy puntuales, pero a través de gestos, guiños o sonrisas participo de todas las confidencias. A veces les cuento algún chiste algo verde y sin libreta, que coste para los que me conocéis de antes, y se tronchan, como el de la gitana que dona sangre o el cura que hacia las hostias que le faltaban con la piel de una pandereta…
La verdad es que da gozo verlos al llegar, tanto a ellos, como al personal de la clínica que son de una amabilidad exagerada, como a nuestra Fisio que consigue que se te pase el tiempo sin darte cuenta y volando.
Y además para qué poner mala cara, sonriendo por fuera y creyéndote que esto puede ser pasajero y es lo mejor que tengo ¿por qué amargarte la mañana? Los sentimientos que exteriorizas, al final se te meten también dentro y llegas a sentir lo que aparentas.
Aunque cuente todo esto, no descuidamos lo que tenemos que cumplir cada día, incluidas las corrientes, los masajes, las fuentes de calor… siempre bajo la mirada protectora y afectiva de nuestra “profe” que a pesar de su juventud, tiene la cabeza muy bien amueblada y muchas “tablas” para guiarnos. Es afectuosa y siempre te trata en un plano muy personal y particular. Te sientes con ella en confianza.
Salimos a eso de las 12:30, cansados pero ligeros física y mentalmente y dicho así, incluso parece que esto sea como dar un paseico. Pero no, volver a mover partes de tu cuerpo que se han quedado como inertes y apelmazadas es duro. Lo mismo que sentir que tu pie no sigue tu voluntad y tus órdenes al entrar a la ducha, que tu brazo no se mueve a la vez que el otro o que la mano la llevas como perdida y en ocasiones hasta casi te asustas al verla aparecer y dices “¡Huy, si es mi mano!” Que no sabes andar con un pie detrás de otro, con la cantidad de veces que hemos empleado este sistema para rifar los componentes de los equipos, o que no puedes pronunciar algunas palabras sin logopeda…
Yo estoy encima contenta porque la enfermedad no me ha afectado al habla y al razonamiento, ja,ja, ja… aunque cuando me siento mal no tengo ganas ni de contestar con un sí o un no. Je,je,je….En este aspecto se me nota enseguida cómo estoy de temple, si me expreso con efusión como siempre, o me cuesta esfuerzo.
Y así termina la mañana, pero aún queda mucho por pasar... Mientras tanto nos transportaremos al mundo mágico de los recuerdos y las emociones, y agazapados, esperaremos…

lunes, 10 de abril de 2017

TRISTÁN

Tristán,
Felicidades en tu primer año de vida,
Repleto de promesas y colmado de ternura.
Tus primeros pasos,
Tus primeras palabras,
Año único, maravilloso e irrepetible.
Nos has alegrado con un sinfín de sonrisas y jolgorio,
Nos has enamorado con tu alegría y ocurrencias.
Un año prodigioso de ver tu luz
Y de brindarnos la magia de tu existencia.
Cuando no estás con nosotros
Susurramos tu nombre al Universo
Y la luna nos contesta.
Los vientos cruzan el Atlántico
Y traen tu nombre hasta nosotros.
“¡Tristán, Tristán, Tristán…!
Un besito